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La Auditoria Impulsa El Crecimiento De Las Empresas

Crecimiento personal

El auditor es, hoy en día, una pieza fundamental para generar confianza en los mercados. Pero para comprender bien su relevancia, aunque muchos de ustedes ya lo sabrán, me gustaría concretar la finalidad de una auditoría de cuentas que es analizar el estado financiero de una empresa para ofrecer una opinión independiente sobre el mismo y que puede ser consultada por el público. Una acción que refleja acciones inmediatas sobre sus proveedores, inversores, accionistas y las entidades bancarias. Dicha opinión, es, a su vez, una garantía razonable de las cuentas anuales de la empresa y contribuye a la formación de mercados financieros más solventes y seguros.

No obstante, no todas las pymes están obligadas a auditarse. Únicamente si durante dos años consecutivos superan dos de los tres límites establecidos: que el total activo supere los 2,85 millones de euros; que el importe neto de la cifra de negocios sea mayor de 5,7 millones de euros; o que la media de trabajadores sea de más de 50. La obligación también se extiende a aquellas empresas que han recibido subvenciones con fondos públicos superiores a los 600.000 euros. Unas condiciones que comparto, pero que no suscribo al cien por cien, pues a tenor de la crisis económica que estamos viviendo, desde mi punto de vista, los límites deberían ser más bajos para ofrecer mayor confianza y dotar de transparencia a los mercados.

No es extraño el temor entre empresarios y directivos a someter a sus empresas a una auditoría. Incluso es una figura que muchos, erróneamente, ven como un enemigo. Sin embargo, frente a la percepción existe una realidad y es que su trabajo nos ayuda a garantizar que las cuentas de la empresa son correctas. Consecuentemente, esa calidad y transparencia de los balances otorga confianza al mercado y beneficia a la compañía auditada, porque le ayuda a identificar los riesgos que afronta, descubrir sus fortalezas y debilidades y prevenir errores.

Un estudio realizado por el Instituto de Censores Jurados de Cuentas de España (ICJCE) en colaboración con la Universidad de Alcalá de Henares concluye que las empresas auditadas crecen en facturación cuatro veces más que las no auditadas, generan un 14,2% más de empleo y se recuperan antes de las crisis.  Es evidente que al ser más fiables y transparentes frente a terceros generan más confianza a proveedores.

Estas conclusiones ponen en entredicho la tan manida expresión “nos auditamos porque es una obligación” e incluso, “auditarnos es un gasto”, cuando está más que demostrado el papel favorable que juega este tipo de prácticas económicas en el desarrollo de negocio y la generación de empleo.

Los mercados se encuentran actualmente en un proceso de elevada incertidumbre: falta de actividad en ciertos sectores, cambios de naturaleza de los negocios y crisis. En este contexto, el sector de la auditoría, como certificador de la información financiera, es clave para el desarrollo y crecimiento de los mercados. No olvidemos que la transparencia es la materia prima con la que se fabrica esa confianza.

El reparto de los 140.000 millones de fondos europeos que le corresponden a España en el marco de la estrategia de reactivación de la economía requerirá que las  empresas estén bien auditadas y que cuenten con la confianza y el reconocimiento del mercado. En este caso,  la labor de los auditores deberá ir más allá de los meros estados financieros e informes convencionales de auditoría, pues, por requerimiento de la Unión Europea, al auditor tiene la obligación de comunicar los riesgos de la empresa para evaluar mejor sus situaciones críticas. Esto conlleva ahondar, por ejemplo,  en las condiciones en que se encuentra la compañía para hacer frente al futuro de forma competitiva o si la organización cuenta con una estructura organizativa adecuada y solvente en largo plazo.

En definitiva, con la volatilidad de los mercados, la incertidumbre de las economías debido a la amenaza de la pandemia y las mayores exigencias en materia de transparencia que exige el entorno socioeconómico, es más necesario que nunca contar con empresas saneadas y para ello es fundamental destacar el papel del auditor a la hora de aportar seguridad en el mercado, para el funcionamiento normal de la economía y por un tejido industrial mucho más próspero con capacidad para crecer, para generar riqueza y empleo.

Fuente: financierostributarios.es