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Auditoría financiera: en honor a la verdad

elEconomista

La contabilidad puede ser confusa si no se controla por supervisores cualificados

General Electric nos da una sorpresa. El regulador del mercado de valores en Estados Unidos está investigando sus prácticas contables a raíz de la carga en sus resultados que anunció recientemente en el negocio de seguros que está bajo el paraguas de su filial financiera GE Capital. ¿Qué pensará Jack Welch? Quien, con 45 años, no solo se convirtió en el Director Ejecutivo más joven de la historia de la empresa, sino que las claves de su gestión llevaron a GE a quintuplicar la facturación de la compañía. Nos deslizamos entre el blanco y el magenta de la adelfa sin intuir la auténtica realidad que esconde.

Cuando Fray Luca Paccioli publica en 1494 la obra La Summa de Arithmética, Geometría Proportioni et Proportionalitá, el concepto “partida doble” comienza a perpetuarse en la creencia generalizada como garantía inequívoca de registro fiel a la verdad, al reflejo subjetivo
de los números.


Y es que, en ocasiones, el poder de la cautivadora inocencia nos impide ir más allá de lo establecido o generalmente aceptado. Compañías cuyas cuentas anuales presentan cifras
defendiblemente sólidas, dejan de ser sospechosas de fiasco por el mero hecho de que su imagen fija no presenta atisbos de insostenibilidad, cuando paradójicamente, compañías defendiblemente sólidas pueden esconder una imagen inviable en el horizonte temporal más próximo.

Es aquí donde la importancia de la auditoría toma forma como auténticos garantes del devenir futuro de las empresas, de la razonabilidad de los negocios y su impacto en los diferentes stakeholders, de que lo que se muestra como viable no sea tan sólo la fachada de un fracaso.

La Ley 22/2015, de 20 de julio, de Auditoría de Cuentas exige como novedad un estudio adicional que debe entregarse a la comisión de auditoría. En él se deben explicar cuestiones relacionadas con los resultados y el proceso seguido, al objeto de contribuir a la integridad y transparencia de la propia información financiera auditada.

Además, con el fin de conseguir dicha transparencia, el informe de auditoría amplía su contenido, que deberá contar con más detalles de las cuentas analizadas y reportar sobre los principales riesgos identificados, lo que se interpreta como que la mera constatación muestral de que los saldos contables son verosímiles, ha evolucionado a análisis más profundos de estrategia, estructura, flujo de procesos y riesgos sobre él, cada vez, más complejo ecosistema empresarial.

Sobre el impacto en el negocio, se deberán hacer preguntas relativas a la fuente de resultado recurrente, centrándose en la fuerza del capital humano, productos, clientes y canales de distribución, tanto presentes como previsibles en base a las nuevas tendencias y hábitos. Al referimos a la estructura, la ratio de eficiencia que ha sido el concepto más valorado por antonomasia, debe ser complementada en entornos digitales por el óptimo coste y segregación del capital humano unido a la pócima para retener un talento escaso que aporte soluciones en un mundo de hábitos tecnológicos frecuentemente cambiantes. Pero lo que resulta verdaderamente clave es la identificación, valoración, gestión y control del mapa global de riesgos aprobado por el consejo de administración, que se erige como faro cuantitativo y cualitativo que ilumina la incertidumbre sobre solidez y solvencia.

Ante este paisaje, solamente las auditoras que cuenten con profesionales cualificados capaces de afrontar los nuevos retos, dispondrán de una mínima garantía de éxito en el valor que se espera de ellos y, ante este desafío, las escuelas de negocio que cuenten en su claustro con formadores experimentados en la resolución práctica del nuevo marco, serán las únicas capacitadas en inculcar esa sensibilidad imprescindible para la meta requerida.

Decía el poema de Ramón de Campoamor que nada es verdad o mentira, todo es según el color del cristal con que se mira. La contabilidad y su función puede resultar ineficiente y confusa si no se somete al adecuado dictamen de unos supervisores cualificados que afronten con garantías las actuales necesidades analíticas. De la correcta visión de estos profesionales dependerá el éxito para que la auditoría de cuentas se perciba como un instrumento que vela por actuar en honor a la verdad.

Fuente: elEconomista - artículo de opinión de Óscar Bastanchury